Por Marco Antonio Ruiz*

En Colombia se teje la siguiente utopía: “Cuestionar nuestros privilegios de hombres para entender lo que se siente ser mujer”. Una consigna que busca acrecentar el narcisismo masculino a través de una insustancial defensa de los derechos de las mujeres. Debido a que, en muchas ocasiones los hombres se hacen llamar feministas o aliados por tener muchas amigas, ceder una silla, desnudarse en las marchas con carteles feministas o usar el color morado (desconociendo la lucha de los colectivos femeninos); sin tener en cuenta que se sigue viendo la mujer como un ser que necesita de nuestra ayuda y que vive su vida difícilmente por no ser hombre.

¡Apoyar la equidad de género no nos hace acreedores de reconocimiento, no señores!

Hace algunos días realicé una prueba de conocimiento en materia de nuevas masculinidades, y el resultado no fue el esperado, en tanto que con tristeza pude ver cómo muchos me dieron like y unos cuantos me felicitaron, sin saber el horroroso contenido del mensaje.

El mensaje no era bueno, en la medida en que claramente mostraba el arraigo que como hombres tenemos a lo que representa ser hombre, tanto que para explicar nuestra parte emotiva vemos la imperiosa necesidad de reafirmar que somos hombres y que necesitamos la aprobación de otros hombres. Este ejercicio me dejó como lección, incentivar en mis compañeros de género una fuerte idea: dejar de lado la zona de bienestar (meros cuestionamientos de lo que representa nuestra masculinidad) y desaprender todo aquello que el androcentrismo nos ha dejado como mella, para luego así reconstruir una identidad que descarte la masculinidad hegemónica.

En definitiva, contribuir al feminismo es enseñar a los pequeños que tenemos derechos por el simple hecho de ser personas y que todos podemos lograr grandes cosas, sin importar nuestras diferencias físicas o gustos; es decir, educar al niño (libertad en formación) en un ambiente libre de discriminación que le permita desarrollar habilidades para afrontar las realidades de su entorno. Para ello es conveniente establecer que son las familias quienes configuran la base de un desarrollo libre de prejuicios, y en ellas está la tarea de no impartir o imponer sobre el menor una formación basada en machismos.

A mi parecer, la pedagogía escolar con enfoque de género representa una necesidad en Colombia, un país donde las mujeres se ven violentadas en sus derechos sin ser conscientes de que lo son, y todo ello en razón del refuerzo de estereotipos machistas que conllevan a naturalizar la violencia de género. Un ejemplo de ello se refleja en los chistes en razón de la apariencia física (las mujeres delgadas son más bellas) o la condición de ser mujer (no conduce bien por ser mujer); situaciones que niegan las condiciones de igualdad por causa de una evidente falta de reconocimiento. Se ha naturalizado la violencia de género tanto que ser mujer se ha convertido en un insulto que ubica a quien lo recibe en un papel de debilidad o torpeza.

Con este artículo dejo claro que no soy una “galletita feminista”, no busco ningún tipo de reconocimiento, solo soy una persona solidaria la cual no respalda el machismo y que para nada busca dominar espacios que solo las mujeres conocen.

Por consiguiente, no hago parte de la cultura autocomplaciente que dice ser feminista porque plancha, lava, cuida los niños, hace las compras; todo ello a cambio de invisibilizar los privilegios que el patriarcado me ha otorgado. Por contrario, hago parte de esas nuevas masculinidades que desestructuran sus privilegios y se reedifican desde el feminismo. No necesito una palmadita en la espalda para saber qué tan bueno soy en la tarea, dado que con el solo hecho de contribuir a la equidad de género desde mis acciones, quedo más que satisfecho.

En conclusión, emprender el camino del feminismo consiente no es una tarea fácil, gracias a que conlleva ignorar todo aquello que la sociedad nos ha enseñado desde pequeños en relación con los machismos, es decir, aprender que las tareas del día a día son propias de toda persona y no de un género determinado, las mujeres no son frágiles y merecen respeto como cualquier otra persona, las mujeres toman decisiones y no deben ser condicionadas, las personas no son propiedad de nadie.

Fuentes de las figuras
Feminista Ilustrada. (s.f.). Obtenido de https://feministailustrada.com/
Univisión. (2016). “Estoy semidesnudo, rodeado por el sexo opuesto… y me siento protegido”: el cartel de #niunamenos . Obtenido de http://www.univision.com/noticias/america-latina/estoy-semidesnudo-rodeado-por-el-sexo-opuesto-y-me-siento-protegido-el-cartel-de-niunamenos

¿Quién es Marco Antonio Ruiz?
Abogado, experto en temas de género, activista LGBTI, Magister en Defensa de los Derechos Humanos para Litigio ante Tribunales y Cortes Internacionales. Amante de la música electrónica y el rock.


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