Por Daniela Medina Abril*

De los candidatos que recogen firmas, las coaliciones y otras situaciones que harán realmente irregulares a las elecciones del 2018.

La construcción de comités para que las iniciativas ciudadanas por firmas tuvieran aval dentro de las contiendas electorales y la posibilidad de inscripción de candidatos por firmas, son producto de la constitución de 1991. Esto nace como una iniciativa para consolidar la democracia y representar una garantía clara a organizaciones, movimientos y grupos de ciudadanos que no tenían una representación dentro de ningún partido político y que por supuesto no estaban asociados a ninguno de ellos.

Bastante bien intencionado, aunque no aplique para todos. Lo inaceptable es que quienes han sido miembros destacados y dirigentes públicos, hasta fundadores de partidos, hoy con todo el cinismo del caso se pongan el antifaz de los movimientos ciudadanos y cambien el juego de roles para tener el sartén por el mango en las próximas elecciones, como si así se quitaran el lastre de la corrupción y se lavaran todos los pecados.

Colombia pasa por uno de los momentos más inquietantes en cuanto a su panorama político. Entre casi 28 aspirantes a la casa de Nariño por firmas y alianzas importantes, como La coalición Colombia y la denominada Coalición Despierta, la primera que ha tenido una incidencia pública bastante importante por representar el acuerdo entre candidatos de sectores independientes de la política nacional, entre los que se encuentran Jorge Enrique Robledo, Claudia López y Sergio Fajardo y la otra bien diferente a la anterior, que se da entre los cuatro precandidatos del Centro democrático, Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, además del posible pacto entre Clara López, De la calle y Petro.

Las razones lógicas por las que recoger firmas es una opción que paga son claras. La primera es la posibilidad de hacer campaña anticipada porque la regulación es diferente de la que rige a los partidos, pero no la más importante; la segunda y que seguramente es una bofetada a la democracia porque dista de la verdadera participación ciudadana, es que los políticos profesionales pueden sacar provecho de la situación de incredulidad del pueblo hacia la clase política habitual, haciendo las veces de políticos emancipados.

Y es que no aprovecharse de la situación resultaría una estupidez, ya que por estos días levantar banderas premeditadamente podría ser la peor jugada dentro de la hoja de ruta de los aspirantes, por la incertidumbre que han causado situaciones como la baja participación de los ciudadanos en la consulta del Partido Liberal y que el que diga Uribe hoy no sea uno sino cuatro y que ninguno de los cuatro cumpla con las características óptimas para dar la batalla en las elecciones, por su parecido y por su poca credibilidad.

Hoy el país no tiene caras visibles o aspirantes sólidos de los partidos tradicionales, al menos de los que tienen más asientos en el Congreso de la República. Pareciera que por escándalos de corrupción y la poca legitimidad de los políticos de vieja data, se va acabando el oscurantismo de décadas de bipartidismo y derroche.

Entre los que se bajaron del bus de los partidos no hay muchas caras nuevas, empezando por el ex vicepresidente Germán Vargas Lleras, uno de los más nombrados candidatos por ubicarse entre los opcionados pero también porque ha demostrado que cualquier fin justifica los medios. Y es que Vargas Lleras, tras tanto escándalo y tan resonado por su trayecto en el Partido Liberal y posteriormente en Cambio Radical, un partido untado hasta las pestañas del agua sucia de la corrupción, actualmente se perfila como independiente y acciona toda su maquinaria para así llegar a la presidencia de la República.

Teniendo en cuenta, también, que los costos de esta iniciativa no son bajos, ya que se estima que entre lo que implica la labor operativa, la logística y el personal, el presupuesto ya supera los cientos de millones sin contar con la póliza de seriedad que se debe adquirir para la ratificación de las candidaturas. Es por eso que a estos políticos sin bandera terminan recogiéndoles las firmas los miembros de sus ex partidos o les toca pedir favores políticos para alcanzar las metas planteadas.

Por otro lado, Clara López, ex candidata a la presidencia, Alejandro Ordóñez, ex procurador de la República, Gustavo Petro, ex alcalde la ciudad de Bogotá que, por cierto, ya tiene experiencia en el tema, Piedad Córdoba y Juan Carlos Pinzón, son algunos de los inscritos por firmas, todos ex militantes de partidos políticos y con serios vínculos al actual Gobierno y al anterior. Así no les queda fácil disimular ya que las cosas se caen por su propio peso.

Que estos personajes hoy le apuesten a la confianza de los ciudadanos más allá de cualquier tema mediático es una muestra de que la incredulidad es un hecho, pero no significa que su actuar vaya a mantenerse de la misma manera para la segunda vuelta. Aunque no se pongan la camiseta de ningún color, sus orígenes no son desconocidos para nadie y no van a dudar en vender sus intereses al mejor postor como es debido, porque aunque el mono se vista de seda mono se queda.

¿Quién es Daniela Medina Abril?
Abogada en formación, amante del arte, consejera de arte, cultura y patrimonio, activista, fotógrafa aficionada y una convencida de que este país sí tiene arreglo.

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