Por Diego Andrés Cortés*

Consideremos que uno de los grandes problemas matemáticos en nada corresponde esta vez con su objeto de estudio esencial.

El jueves 30 de noviembre se llevó a cabo en el Congreso de la República el debate para decidir las 16 circunscripciones especiales previstas en el acuerdo de paz.

El proyecto de acto legislativo, por medio del cual se establecen 16 circunscripciones transitorias especiales de paz para la Cámara de Representantes, en dos periodos acordes con los próximos mandatos del máximo órgano ejecutivo, ha venido suscitando una discusión que enuncia de manera preocupante la poca intensión de los políticos para ampliar el manoseado ejercicio democrático.

En virtud del mencionado procedimiento legislativo, se busca el favorecimiento evidente y merecido de un mecanismo de representación para poblaciones y territorios perjudicados por la violencia, en desarrollo de garantizar las participaciones emergentes, la pluralidad y una idea de legítima democracia. Pero como es común encontrar en las contradicciones políticas del contexto colombiano, la discusión ha destapado una vez más la poca voluntad que se tiene en materia de víctimas del conflicto armado más viejo del continente.

Después de la controvertida votación del jueves, los frentes opositores al proyecto argumentan el hundimiento del mismo, toda vez que dicha votación no cumplió con la mayoría absoluta si se tiene en cuenta que sólo se obtuvo 50 votos a favor de 102 posibles. Uno de los más malintencionados argumentos. Ya veremos por qué.

Tal parece que la contradicción, como es costumbre en nuestro país, consiste en retomar enfáticamente los concurridos Sofistas griegos, que bien hemos aprendido a escuchar en los debates públicos, sobre todo a vísperas de elecciones y en pleno ejercicio del marco del proceso de paz.

Los integrantes del poder (sabios de profesión) de nuestra época, cuya finalidad intelectual no desaparece con el lindero transitorio del tiempo pero sí con la búsqueda de la “verdad”; insisten en protagonizar discusiones con argumentos relativos y hasta con falsas nociones tan solo para obtener alguna utilidad, bien sea material o inmaterial.

Es entonces aquí, en donde debemos preguntarnos cuál es el problema que el Estado, en toda la extensión de la palabra, ha mantenido con las clases menos favorecidas. Es evidente que el país se encuentra envuelto en lo que Noam Chomsky ha denominado como “el rebaño desconcertado” debido a la polarización y a la divergencia de opinión.

Es necesario restarle importancia al tema FARC para entender con quién es la oposición. Hay que dejar de lado los partidismos y buscar una unidad de conciencia para establecer el verdadero problema de la sociedad.

Con este proyecto la participación que estaba en la mesa de negociación no era la de las FARC sino la de millones de campesino pobres de regiones apartadas y desconocidas por el mismo Estado durante mucho tiempo.

En el primer parágrafo del penúltimo artículo del proyecto cuyo objeto es otorgar las 16 circunscripciones se establece que: “Los partidos y movimientos políticos que cuentan con representación en el Congreso de la República o con personería jurídica, incluido el partido o movimiento político que surja del tránsito de las FARC-EP a la actividad política legal, no podrán inscribir listas ni candidatos para estas Circunscripciones. Ningún grupo significativo de ciudadanos u organización social podrá inscribir listas de candidatos para las circunscripciones de paz simultáneamente con otras circunscripciones.”

Pregúntense teniendo en cuenta esta controversia lo siguiente: si la representación es democracia ¡¿Vivimos en un país democrático como nos lo hacen ver absolutamente todos los señores de la patria?! O ¡¿Será que los honorables doctores no quieren perder el impoluto statu quo de su quehacer político?! ¡¿Será que un estado de conmoción no les favorece?! Pero ¡¿Por qué si todo lo hacen tan bien?!

Sigamos. Si bien quienes mantienen la oposición tienen razón, el problema depende de la precisión. Retomemos la primaria y veamos: si una norma dice que la mayoría se logra con un número mayor o igual que la mitad más uno, en el caso de tener sólo 3 sufragantes (número impar), este principio se cumpliría no en función de sumar 1,5 más 1, sino estableciendo una relación directa con la suma de un irracional y la aproximación al entero siguiente para lograr la mayoría absoluta, es decir que para este ejemplo la respuesta sería 3, toda vez que es imposible encontrar un voto, que emite una persona, fraccionado. Sentido común.

Ahora bien, si se tiene en cuenta que el Senado está compuesto por 102 integrantes, se cumpliría cabalmente lo argumentado en primera instancia por la oposición, en el entendido de que la mayoría absoluta en este caso serían 52 votos y no 50 como obtuvo el proyecto. Sin embargo, es menester del Senado obligarse a lo dispuesto en el artículo 134 de la Constitución en desarrollo de acatar lo allí enunciado y de conformidad con la revisión actual de curules ocupadas, pues a hoy hay 99 senadores si se tiene en cuenta la ausencia de Musa Besaile, Bernardo Elías y Martín Morales, quienes presentan procesos judiciales en su contra ante la Corte Suprema de Justicia.

En ese caso, el artículo 134 establece que dichas ausencias, de darse por cualquier otra circunstancia salvo la muerte, son irremplazables por miembros de los partidos a los cuales corresponden los ausentes, por tanto, es preciso confirmar que con 50 votos de 99 posibles, si se aplica la norma anterior y el pleno desarrollo de la doctrina uniforme y jurisprudencia reiterada por el Consejo de Estado y la Corte Constitucional del 2015, en el entendido de aclarar el cálculo de cifras impares cuyas operaciones son productos decimales, la opción de contemplar la votación a favor es un acto de reconocimiento legítimo y de respeto con las víctimas y los territorios abandonados. Ver sentencias: SU-221 de 2015 y C-784 de 2014.

Pero por si quedan dudas, en un lenguaje matemático la forma para determinar cuándo existe una mayoría donde la cifra de los votantes es un número impar se obtendría aplicando la siguiente fórmula matemática: los números impares son de la forma 2(n)-1. En el caso de aplicarla a un número de votos impar sería M=2(n)-1 en donde la mayoría se obtendría con un número de votos mayor o igual que n. Ejemplo: Si M=99, 99= 2(50)-1, entonces n=50.

El debate giró, también, en que la votación del jueves no pudo ser posible conforme a los resultados de la votación del informe de conciliación producto de la plenaria de ambas Cámaras votado el martes 28 de noviembre, dado que ese día, si bien obtuvo una mayoría aprobatoria versus una minoría desaprobatoria, no se estableció mayoría absoluta. Por lo que alegan la llamada conciliación en el proceso legislativo contenido en el artículo 161 de la Constitución.

A lo cual la presidencia del Senado decidió sin acudir a la arbitrariedad, dentro de las facultades que le otorga la ley 5 de 1992, darle continuidad debido a que dicha conciliación no obtuvo en ninguna de sus posibilidades una mayoría absoluta que obligara a establecer un ganador.

Es tanta la discrepancia que han mostrado algunos sectores de la política en contra del beneficio representativo de las minorías, que incluso, en un acto de valentía y desafío a la intelectualidad; han llegado a comparar el Quórum: que es con el que se establece el número mínimo de senadores presentes necesarios para que el Senado pueda entrar a deliberar, con las mayorías: que es la cantidad de votos superior a la mitad del total de senadores para votar un proyecto de ley o legislativo.

Lo cierto es que lo sucedido la semana pasada en materia política hubiese sido un reto atractivo en las aventuras de Beremiz y Hanak, no en la ciudad de Bagdad desde luego, sino acá, en la capital del país del sagrado corazón de Jesús. Las diferencias quizá hubiesen sido de jeques a parásitos. Sé que muchos encuentran lamentable que Malba Tahan, el hombre que le calculó sus personajes con el fin de que calcularan, haya muerto hace mucho tiempo. Cuánta ilustración hubiese ofrecido a este panorama de bajeza aristocrática.

¿Quién es Andrés Cortés?
Administrador de empresas y periodista. Es semillerista de investigación. Ha trabajado en banca, valores y fiducia. Seducido por la historia y simpatizante asiduo de la libertad en todos sus niveles. Cree en la lectura como virtud de lucha ante la opresión. Creció haciendo música y es consumidor impulsivo de narcóticos como el cine.


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