Por Rodolfo Joya*

Usted abre su paracaídas a determinada distancia del suelo con el único propósito de caer de pie. Puede que el avión que usted pilotaba se haya quemado en el aire, sabemos que es enteramente su culpa, pero alguien ha decidido darle la mano. Aterriza entonces a salvo en una institución querida por los colombianos, no me parece educado indicar cual puede haber sido, pero su candidatura mediocre le ha garantizado un bonito puesto de poder que le dará de cenar por varios años.

Ha adornado entonces y sin ningún mérito su preciosa hoja de vida y su inminente derrota se ha transformado en una victoria inapelable, por intermediación de un jefe amoroso y locuaz, que con voz pausada y firme le da la bienvenida al nuevo equipo de trabajo.

Usted más se demora en tomar posesión de su cargo que en llamar a sus amigos y cercanos. Es más, el día anterior reposan sobre su mesita de noche varias hojas de vida de quienes imprescindiblemente deben rodearle, esto es algo similar al cielo laboral.

Sonriente y altiva va a su oficina y regaña a sus subalternos, solo a los que no cenan a menudo en su casa, sus amigos solo merecen ser felicitados, aunque no entiende muy bien qué es lo que hace, revisa los requerimientos para justificar el sueldo de sus allegados y automáticamente asiente a cada orden que se le da. Es posible que haya algo extraño usted no está en un cargo que le permita ignorar cosas, así que por amor a su salario mira para otro lado, maquilla informes que alegran al país, pues parece que a pesar de todos los exabruptos que usted ha cometido, el único objetivo de que su bello trasero repose en una silla tan confortable es entregar esos preciosos informes que indican que todo está bien.

Acusa y despide a inocentes cuando su propia mediocridad es evidente y así los que están por debajo suyo mientras usted viatica, entienden que deben esforzarse por hacerle quedar bien. Toda coyuntura favorable a su jefe es causal de que usted limpie su chaqueta con un cepillo y cargue flores para hacerlo sonreír, ya se siente incluida en el equipo, el sueño parece haberse hecho realidad.

Es entonces que la magia aparece, a su jefe lo llaman nuevos retos y decide darle la oportunidad de su vida, cederle su poder, dejar que engalane mucho mejor su hoja de vida. Y allí en el paroxismo evidente de tanta maravilla, usted se levanta sonriente con un corazón desbordado de la dicha: llegó su turno de mandar.

Pero en los pocos meses que le cuesta entender qué es lo que hace y cómo es que se hace aquella labor que se le ha encomendado, trasluce la realidad esa debacle inminente, usted es una figura decorativa, sus amigos no tienen conocimiento ni experiencia, ni siquiera un diploma para reemplazar a la gente que la acompaña. Es entonces que los vientos de la democracia soplan hacia el centro y usted sin el más mínimo asomo de vergüenza en su cara, sale a denunciar a su jefe por todas las irregularidades de los cheques sin fondo que usted firmó.

Está bien indignarse si es cercana la hora de nuevas elecciones y hablar mal de su persona favorece al candidato que puede mejorarles la hoja de vida a usted y a sus amigos otros cuatro años.

¿Quién es Rodolfo Joya?*
*Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia con estudios de maestría en Derechos Humanos y Gestión Social, lector, escritor, aficionado al cine y al fútbol.

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